jueves, noviembre 13, 2008

El éxito de la sencillez

POR: FABIO ARÉVALO ROSERO MD*

El epílogo de esta auténtica historia, ocurrió hace 50 años. Durante la segunda guerra mundial un hombre adinerado después de enviudar, vivía solo con su hijo. Compartían una pasión por el arte, disponiendo de una colección y su amor por las grandes obras. Infortunadamente, el hijo tuvo que ir a la guerra. Se dice que fue valiente y murió en la batalla mientras rescataba a otro soldado. El padre sufrió profundamente la muerte de su único hijo. Un mes más tarde, alguien tocó a la puerta. Un joven con un paquete en sus manos le dijo: "Señor, soy el soldado por quien su hijo dio la vida. Aquel día me llevó a un lugar seguro pero una bala atravesó su pecho, muriendo instantáneamente. Él hablaba de usted y su amor por el arte". El muchacho le entregó un paquete afirmando: "sé que esto no es mucho. No soy artista, pero a su hijo le hubiera gustado que usted recibiera esto." El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo, pintado por el soldado. Contempló con admiración la manera como había plasmado su personalidad en la pintura. Estaba tan atraído por la expresión de los ojos de su hijo que los suyos se arrasaron de lágrimas. Le agradeció al chico y ofreció pagarle por el cuadro, pero no aceptó. El hombre murió años mas tarde y se anunció una subasta con sus pinturas. Mucha gente acudió con expectativa de hacerse a un famoso cuadro. Sobre la plataforma estaba el retrato del hijo. El subastador dio inicio. "Empezamos con este retrato del hijo, ¿quien ofrece?" Hubo silencio. Una voz del fondo gritó: "Queremos ver las pinturas famosas". Pero el subastador persistió: "¿Alguien ofrece algo por esta pintura?". Otra voz gritó con enojo: "No venimos por esa pintura, venimos por los Van Goghs, los Rembrandts.". Pero aun así el subastador continuaba su labor: "El Hijo, El Hijo, ¿Quién se lleva El Hijo?" Finalmente una voz se oyó desde atrás, el viejo jardinero del padre y del hijo. Un hombre muy pobre, con timidez apenas ofertó US10, lo único que podía ofrecer. "Tenemos $10. ¿Quién da $20?", grito el subastador. La multitud se estaba enojando, querían las pinturas valiosas. El subastador golpeó el mazo: "Va una, van dos, vendida por $10". "Empecemos con la colección", gritó uno. El subastador soltó su mazo y dijo: "Lo siento, pero la subasta llegó a su final". "Pero, ¿y las pinturas?", dijeron los interesados. "Lo siento", contestó el subastador; "Cuando me llamaron para conducir esta Subasta, se me dijo de un secreto estipulado en el testamento del dueño. Solamente la pintura de "EL HIJO" seria subastada. Aquel que la aceptara heredaría todas las demás. El hombre que aceptó quedarse con el Hijo se queda con todo".Una lección de vida que nos demuestra que la displicencia por la sencillez y la ambición por lo ostentoso pueden acabar con lo esencial.

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