jueves, septiembre 11, 2008

REQUIEM POR LOS LIBROS





Jorge Muñoz Fernández


Se asocia con frecuencia el uso del computador con la aprehensión del conocimiento crítico. Noción errónea. De cada cien usuarios de internet, la televisión, incluida la digital, y la tecnología celular, escasamente el veinte por ciento de ellos no han sufrido la mutilación del pensamiento. El resto integra la logia de la videocracia.
Lo paradójico es que en el orbe, ahora dotado de eficaces plataformas de comunicación, fáciles de usar, ante las exigencias instantáneas de información científica, social, cultural y política, los consumidores terminan bajo el poder de la cultura massmediática, como si fuesen escarabajos kafkianos.
De alguna manera los internautas, cuando caen en las redes tecnológicas de la comunicación, sin posesión de bagajes reflexivos, no alcanzan a percatarse de la ruptura de los lazos que producen lo social y no están exentos de quedar atrapados por el deslumbramiento del postmodernismo tecnológico, con altísimo riesgo de despertarse una mañana convertidos en monstruosos insectos, ahora electrónicos, “surcados de encorvadas durezas”, (La Metamorfosis), totalmente alienados.
Cruda es la pauperización en materia del conocimiento. Las generaciones de apenas ayer, de los momentos fulgurantes del desarrollo industrial, que se formaron en la interacción social, incluso en la represión institucional, la confrontación ideológica, los libros trabajados, las bibliotecas consultadas, las tertulias políticas y literarias, forjadoras de convivencia democrática, sociedades empáticas y sembradoras de libertades solidarias, fueron cubriendo los agujeros del establecimiento, rompieron los imaginarios colectivos y, contribuyeron, de alguna manera, al fortalecimiento de las conductas intimistas de las nuevas generaciones.
Tiempos, cercanos por cierto, en que los cultores de la belleza estética exaltaron los poderes sociales de la música, la literatura y la pintura. El arte, en su conjunto, oficiaba al servicio de la creación, para la lógica de sentir juntos, para el desencadenamiento del sentido de la sensibilidad colectiva, y el compartir, como en las obras teatrales, el pensamiento histórico, político y social.
Sucumbió la lectura y hasta la llamada izquierda se quedó sin mito. En los espacios de lo urbano, como metáfora de la imagen, las muchedumbres emigraron hacia las fantasías tecno-culturales, desprovistas de criterios dialécticos, y, como lo insinúa Kafka, se tornaron manumisas, sin salvación, evidenciando comunidades ajenas a los espacios societales, condenadas a sobrevivir virtualmente como escarabajos.


Sintomático es que se cierren las buenas librerías en las ciudades, como lo registraba, con fuerza argumental, Julián Fernández, al tiempo que una mirada a las bibliotecas nos remite a cementerios solitarios, donde doblan a muerto las campanas del conocimiento. Réquiem por la buena lectura.


jorgemunozfernandez@hotmail.com

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