miércoles, junio 25, 2008

La Registraduría Civil

Foto de Marco A Valencia


por Diógenes Díaz Carabalí

Tantas cosas que uno no entiende y que deberían funcionar por simple lógica. Por ejemplo: si una persona es registrada ante entidad pública cuando nace, con todos los recursos disponibles para el depósito seguro de información, un menor debería recibir en su casa la Tarjeta de Identidad, o a lo sumo, por el mismo canal, con que el menor allegue su fotografía y demás requisitos, la Registraduría, a vuelta de correo, puede remitir el documento.


Y cuando este menor cumpla su mayoría de edad automáticamente también debería llegarle a su casa la cédula de ciudadanía.
Y lo que me parece más absurdo es que si deciden que el ciudadano tenga que, por cualquier circunstancia, cambiar el documento de identificación, y la Registraduría posee en archivo la información, qué necesidad tenemos los mortales de acercarnos a las sedes de la entidad para padecer una inmensa cola, desde muy tempranas horas de la madrugada, esperar a que se nos asigne un turno, después regresar para hacer el trámite de “renovar” el documento, y si estamos afortunados esperar durante más de un año para recibir la nueva cédula. Si es cambio de mero formato, ocasionado por al entidad con la disculpa de incorporar nuevos elementos de identidad, y, aún, si hay que adicionar datos, por qué no facilitan que el ciudadano allegue por correo, físico o electrónico, los requerimientos, y automáticamente que se produzca el documento; incluso el ciudadano puede recibir vía Internet o reclamar en correo postal, o siendo más optimistas, recibirlo en su residencia.


Realmente las entidades públicas gozan de un atraso abismal con la tecnología y actúan como en la edad media, en una absoluta desconfianza ante la buena fe de las personas, principio de Ley. El ciudadano es maltratado, atropellado y mal servido, a pesar de que en últimas es quien pone la plata hasta para el tinto que se toman los engreídos funcionarios. El caso de La Registraduría Nacional del Estado Civil es el prototipo del anquilosamiento frente a herramientas que bien pudieran estar utilizándose por lo menos desde hace cincuenta años; y no dejan ver que avancen en sistematizar su información, modernizar sus procesos, convertirse en un ente de eficiencia y prontitud y temporalizarse a las necesidades de hoy.


Ante la Registraduría hay que confesarse y hacer enmienda todavía cada vez que se va a realizar alguna gestión pública, como si sus funcionarios gozaran haciendo comparecer inútilmente a los ciudadanos, funcionarios que no siempre se caracterizan por tener buenos modales, cortesía y atención digna. Pareciera como si nosotros indefensos, los que ponemos la platica para se mantengan en el absoluto atraso, fuéramos a sus ventanillas por una limosna o a pedir fiado el mercado del mes. Ya es hora que a la Registraduría Nacional del Estado Civil le de vergüenza y le responda a sus ciudadanos con los principios que guían a todas las entidades públicas. Y ni para qué hablar del Sistema Electoral.

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