viernes, abril 06, 2007

Semana Santa en Popayán

La devota tradición

http://www.elheraldo.com.co/revistas/gente/03-04-12/noti4.htm

Por ROXANA CASTILLO
Fotos Archivo Museo Nacional

Cada año los payaneses remozan su ciudad para conmemorar la Semana Santa. Por estos días, las casas por donde pasan las imponentes procesiones terminan de pintarse de blanco, las imágenes se visten con los antiquísimos atuendos bordados en oro, los veinte mil participantes alistan sus indumentarias tradicionales y cientos de turistas llegan de todos los rincones del país y del mundo para ver con sus propios ojos una de las celebraciones religiosas más importantes de América Latina.

La capital del Cauca tiene el encanto de las ciudades coloniales como Cartagena: las calles adoquinadas y anchas, sus imponentes templos y sus originales edificaciones se han conservado a través de los siglos. Sobre todo, muchas de las costumbres traídas por los españoles, como la devoción por las tradiciones católicas, siguen intactas después de quinientos años.

La historia de Popayán es también fascinante: el conquistador Sabastián de Belalcázar la fundó en 1537 después de una cruel campaña contra los indígenas pubenzas que habitaban la región del suroccidente colombiano. En la colonia, las minas de oro atrajeron a decenas de españoles, con sus esclavos negros e indígenas, comenzando una época próspera para Popayán, como capital de la provincia que dependía de Quito y del Virreinato de Perú.

Popayán ha resistido los terribles terremotos de 1736 y 1983 que por poco destruyen su patrimonio arquitectónico y cultural. En estas dos ocasiones, los payaneses se levantaron de las ruinas para restaurar sus tesoros con fe y esperanza, logrando recuperarse en poco tiempo: en el último siniestro reconstruyeron fielmente sus edificaciones en menos de diez años.

Las procesiones de Semana Santa en Popayán datan de 1566, sólo treinta años después de su fundación, según lo escribió Juan de Castellanos en su célebre crónica “Elegías de varones ilustres de las Indias”. El fervor sigue siendo el mismo desde entonces. Inicialmente participaban sólo campesinos humildes que llevaban sobres sus hombros las imágenes traídas de España por los sacerdotes evangelizadores, hoy ricos y pobres se confunden bajo los pesados pasos.

La prosperidad económica de la Gobernación de Popayán que trajo la explotación del oro permitió la construcción de varios templos y conventos por toda la ciudad. Las iglesias comenzaron a engalanarse con retablos enchapados en el precioso mineral y los pobladores ricos fueron adquiriendo objetos de arte religioso para sus casas.

Los payaneses, enriquecidos por las enseñanzas de los sacerdotes de las comunidades religiosas afincadas en la región y por la bonanza del oro, organizaron con esplendor la conmemoración de la Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Lo que comenzó como una fiesta religiosa enmarcada en la evangelización se fue convirtiendo a través de los años en una tradición cultural que va más allá de los ritos, para llegar a ser un motivo de unión familiar, un ejemplo de civismo y una muestra de la riqueza artesanal del país.

La Semana Santa en Popayán, con las mismas pompas de la de Sevilla, en España, atrae las miradas de miles de turistas cada año por su vistosidad y solemnidad. Las comunidades religiosas delegaron en los laicos el mantenimiento, arreglo y cuidado de los pasos. La Junta Permanente Pro Semana Santa fue creada en 1939 y es la encargada, además de estas funciones, de conseguir los recursos para la financiación de las fiestas.

FACEBOOK

https://www.facebook.com/profile.php?id=711839823