lunes, mayo 18, 2009

Una teoría sobre la envidia

Humanología
Una teoría sobre la envidia


Carlos Santa María
Ha sido comprobado fehacientemente que la envidia es
un factor que se mezcla permanentemente en los disímiles
campos donde actúa el ser humano. En los diversos procesos
que ejecutan las instituciones también se hacen presentes
funcionarios que afectan sus relaciones debido a esta
categoría humana de alta importancia negativa al igual que
la misma sociedad. Es considerada uno de los fenómenos
nocivos más extendidos en el planeta.
La envidia es un sentimiento experimentado por aquel
que desea intensamente algo obtenido por otro. La base de
la envidia es el afán de poseer y no el deseo siempre de
despojar de algo al otro, aunque si el objeto en cuestión
es el único disponible la privación del otro es una consecuencia
necesaria. Procede de “invidere” o “mirar con
malos ojos”, lo que nos conduce a afirmar que puede ser
relativamente natural sentirla ya que no siempre todas las
personas caen bien, pero hay que alertarse cuando todos
los sentimientos están dominados por ella, especialmente
el rencor y el resentimiento. El problema surge cuando la
envidia se transforma en un trastorno u obsesión, ya que
impide sentir alegría y mostrar satisfacción por los éxitos
ajenos. Los psicólogos aseguran que la educación generosa
desde la infancia y aprender a valorarse uno mismo son las
mejores armas para superarlo .
Para el psiquiatra Vicente Madoz, de la Fundación Argibide de Pamplona,
la envidia “es un sentimiento o una disposición afectiva
molesta y penosa, por lo tanto un fenómeno afectivo
profundo, que en sentido estricto sólo se puede dar en la
edad adulta. Un niño puede experimentar celos o afán de
acaparamiento, derivados de su natural egocentrismo, pero
no propiamente envidia”.Berke ha planteado serias
consideraciones sobre la envidia que resumen trazados
generales sobre la misma y
nos permiten comprenderla desde una óptica científica,
descartando algunos elementos en los cuales es necesario
establecer la distancia suficiente. Según su postura, el ser
humano posee un lado negativo y uno positivo, el oscuro
y el claro. Lo negativo comprende los celos y a la envidia
como la expresión por excelencia de la maldad. Procede
como una conducta destructora derivada del complejo de
inferioridad, los temores y la inseguridad. No olvidemos que una imagen radiante, de alguien que
disfruta la vida, tiene éxito personal y social, concita una
envidia que puede llevar hasta atentar a su vida.
Desde lo humano, coincidimos en que todo ser posee
un lado destructivo para si mismo el que proyecta hacia
otros de tal modo que, en la medida que se destruye lo
hace con otros o viceversa en la forma que demuele al
otro lo prolonga a su propio entorno. La mirada propositiva
es conducente a senderos de resolución y por tanto en la
medida que se utiliza regularmente consolida una seguridad
interna que se ve reflejada en las relaciones sociales.La cultura
juega un papel determinante puesto que en toda sociedad
donde una norma es coactiva e invita a hacer de ésta un
antivalor es rezagado como comportamiento. La
frase “envidiar es feo” detiene a cada individuo,
aunque muchos no la controlan : las competencias entre actores del jet
set o magnates financieros por hacer una fiesta mayor que
su antagonista, derrochando, indica la mentalidad absurda
de este tipo de síndrome.
Un nuevo comportamiento coincidente con el Principio
de Equidad tiene que partir, en primer lugar, de la necesidad
de lograr sociedades donde la riqueza y el bienestar sea
compartido y por ello las diferencias sean comprendidas
como formas de vivir diversas en las que se elige de forma libre. La igualdad permite que la envidia basada en lo
que el otro posee sea disminuida sustancialmente tanto
por los fundamentos de una comunidad así concebida
como por la claridad de la independencia para escoger.
La construcción de principios que guían la vida por una
senda adecuada contribuyen a la vida integral: disfrutar
cuando otros se complacen es un axioma noble. La generosidad
comprendida como la entrega de lo considerado propio,
con esfuerzo, en dificultad, con amor, es una herramienta
útil para subvertir las raíces de la envidia. Así se da paso
a una visión más lúcida y feliz lo que implica armonía
personal y social.
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