











Que no nos venga a decir "que para lo que hay que ver en este pueblo con un ojo basta";
En Popayán, en una tarde y en una esquina cualquiera
Artículo Diario Jurídica al Día. pag. cultural noviembre 27, 2006 (http://www.juridicaaldia.com/index.php?fechahoy=2006/11/27&index_noticias=32&ok=vermas¬icia_id=8232) 

A Popayán, llegan cada año miles de turistas en busca de El Dorado, el Santo Grial, la piedra filosofal y hasta "el veneno" de la eterna juventud. Y cuando comienzan a caminar por sus calles, todo eso encuentran en unas cuantas casas blancas, hermosas, en unas calles apretadas de faroles e historias reales que alegran el alma.

Popayán, es una ciudad de callecitas empinadas y paredes blancas, de ventanas de amor y cupulas de otro mundo, de paredes de piedra y adobe pintadas con cal, de farolitos de ensueño y calles blandas, de gente que camina lenta y cielos puros, de silencios y lluvias imprevistas. (fotocomentario: manvalencia)
Guillermo Valencia,
EL PRODIGIO DE
Descubrí al niño prodigio del toreo colombiano “Guillo Chico” orando en un camerino con sus padres antes de salir al ruedo en la plaza de toros de Popayán., en agosto del 2005, y de inmediato se me revivió la afición taurina en lo más profundo de mi corazón. El 25 de noviembre salio a la plaza Cañaveralejo de Cali, y ver el entusiasmo del público por él, me llenó de emociones insospechadas.
Guillo tiene diez años, pero con su traje de luces, la montera, y esa mirada de poseído que solo la tienen los elegidos, parece un hombre hecho y derecho. Pisó la arena detrás del Alguacil con la montera en la mano por ser la primera vez que pisaba la plaza, seguido de su padre “El Guillo-padre”, un hermano y dos primos que hacen parte de su grupo de subalternos. Atrás, los héroes de Superlandia. Llegando al centro del ruedo el alguacil entregó las llaves de la puerta de toriles y Guillo Chico le cambió a su papá el capote de paseo por el de brega.
En la tarde del 2005.
Sonaron clarines y el anuncio que por la puerta de toriles saldría “Calceto”, una becerra de Valparaíso. El Guillo- su Padre-, salió al ruedo a lancearlo y para que Guillermo, de tan solo 9 años, lo mirara, y descubriera -antes de salir al desafío- la forma de embestir del tal Calceto. Enseguida, uno de sus primos que podría ser el primer espada, sin traje de luces ni nada, le hizo algunos lances de verónica y un par de revoleras. Y como era una faena infantil, los enanos se Superlandia hicieron una suerte de capotes alimón para suavizar las embestidas y permitir el lucimiento del torero. Cuando Guillo salió para hacerle las chicuelitas y quites del gasto se dio cuenta que lidiar becerras no es lo mismo que lidiar novillos. Su madre se llenó de nervios al ver semejante animal tan grande y comenzó a orar sin ruido pero batiendo los labios, mientras su papá estaba erizado, gritando y concentrado en guardarle las espaldas a su pequeño. El público, en su mayoría niños, no entendía de toros, pero en el futuro, si Guillo Chico lograba enamorarlos esa tarde, podrían ser grandes aficionados. Y Guillo Chico y su familia, se tomaban demasiado en serio su papel y su compromiso.
Sonó el cambio de tercio, el pequeño tomó los trastos y le dedicó la corrida a un Mayor de
El Guillo es soberbio con la muleta, y emocionó hasta las lágrimas verlo apurando nobleza y voluntad para dominar el animal. Y sin más escuela que las instrucciones de su padre, que por tres años lo ha venido fortaleciendo en corridas de pueblo, vimos en él destreza en sus pases naturales, molinetes, pases por alto, serie de derechazos y remate con pase de pecho. Los “Oles” del público no pararon, y los aplausos: sonoros unánimes fueron sinceros. Sonaron los clarines, los payasos sacaron al animal y un subalterno se tiró al ruedo para subir en hombros al niño prodigio del toreo y darle la vuelta a la plaza, mientras el público le tiraba claveles y sombreros. Guillo había cumplido y se retiró para darles paso a los cómicos de Superlandia, que con toda clase de suertes y piruetas hacen reventar de la risa a niños y grandes. El Guillo Chico sentía que había triunfado en la tierra que lo vio nacer. Horas mas tarde viajó por una carretera destapada y zona de guerrilla, para torear ante niños indígenas de Tacueyó, un poco más allá de Toribio.
Guillo ya es un héroe en su casa. Y en su colegio de Ipiales -donde vive actualmente-, al más burro le toca hacer de novillo porque todos tienen fiebre de tauromaquia, y no se juega otra cosa en el descanso desde que Guillo los invitó a una corrida.
Así que aquí estamos presentes en los primeros pasos de una promesa de la tauromaquia colombiana que ya deja huellas positivas por los pueblos del Cauca, Nariño y el norte del Ecuador, y emociona públicos a favor de la fiesta brava en fiestas populares y días de feria.
Después de su presentación en Cali, el éxito, los aplausos y el entusiasmo de los aficionados que lo sacaron por la puerta grande y en hombros por petición del público, cualquier cosa puede pasar.
(valenciacalle@yahoo.com)

poema de
MELANCOLÍA DEL PAISAJE
Cielo de mi ciudad. Nubes errantes.
Mañanas de tenaz melancolía.
Rumores de la brisa. Ecos distantes.
Suave verdor. Eterna lejanía.
Noches de mi ciudad. Claros diamantes.
Estrellas pensativas. Luz sin día.
Suave aroma de aromas enbriagantes.
Todo colmado en la extensión vacía.
Calles de mi ciudad, calles desiertas.
Grises tejados, sensación de olvido,
Tantas cosas que fueron y están muertas.
Hoy han vuelto a mi mente, presurosas,
porque el cielo está azul y entristecido
y hay algo de orfandad entre las cosas.