Mostrando las entradas con la etiqueta DIOGENES DIAZ CARABALI. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta DIOGENES DIAZ CARABALI. Mostrar todas las entradas

domingo, noviembre 09, 2008

Cambio de los conceptos




Diógenes Díaz Carabalí

Hasta hace muy pocos años nos hablaban de paradigmas: sinónimo de cambio; un cambio al servicio del modelo, infalible y obligado, con fundamento en la libertad total del mercado, necesario para participar con capacidad de competitividad, y con los naturales aditamentos de calidad y eficiencia para una sociedad de consumistas. El mayor objetivo era la satisfacción de sus necesidades y caprichos.


La planeación estratégica se convirtió en la panacea para la solución de todos los riesgos, y del fracaso empresarial se culpaba a su incorrecta aplicación. A ella se agregaron los supuestos principios de La Calidad Total japonesa, y la Reingeniería del colegio de negocios de la universidad Harvard.


Pesa a todos estos supuestos, en la semana, CNN, ha difundido en sus noticias económicas, que en los últimos dos meses, más de cuatrocientas mil empresas Norteamericanas han solicitado permiso para llamamiento a quiebra. Es decir, que el modelo era por lo demás imperfecto, que la DOFA, por lo menos como era concebida, no es la herramienta contra las amenazas y las debilidades, y que la calidad y la productividad eficiente no son la garantía para la supervivencia de una empresa, ahora, ni por lo menos para el futuro inmediato.


De todas estas teorías, de alguna manera, fuimos aficionados, y quienes hemos tenido oportunidad de orientar cátedra, nos asalta el temor y la culpa de que engañamos a los alumnos. Es que quienes nos atrevíamos a mencionar otras posibilidades administrativas y económicas en las clases de negocios, nos trataron de populistas y politiqueros, e incluso de resentidos y fracasados, pero al final la historia ha dado la razón.


Muchos planteamos que se hacía necesario un cambio en los conceptos: de la riqueza, del desarrollo, del bienestar, de la infraestructura, convencidos con el principio económico de los creadores del capitalismo, que los recursos son escasos, y ante todo que debían estar al servicio de los habitantes del planeta. Sin duda si hubiéramos repartido con más equidad, la sociedad hoy se ahorraría muchos de los conflictos y las contradicciones que la afectan.


En ese sentido, hay que concebir el desarrollo y la productividad de manera diferente. Con una moderación que permita un mundo habitable, no tanto como la Aldea Global rebatible de Mc’Luhan, sino con la diferencia natural de un planeta enriquecido con la diversidad cultural y antropológica. No podemos concebir hoy el desarrollo por la argamasa y el ladrillo, ni cuántas obras de incomensarables dimensiones podamos hacer: estamos obligados a vivir con responsabilidad. La sociedad tiene que dotarse de estados nacionales fuertes; que regulen el monopolio, el mercado y desorbitado enriquecimiento. Tenemos que cambiar el concepto de comodidad y de riqueza, obligados como estamos a dejar un planeta habitable para nuestros descendientes.

viernes, octubre 17, 2008

Muerte de los Yuppies




por: Diógenes Díaz Carabalí

Como dice el dicho popular, no me alegro pero siento un fresco, con la muerte de los famosos Yuppies (Jóvenes profesionales en ascenso).


Todo por la profunda crisis del sistema financiero mundial, la quiebra de los super bancos Merry Lynch y Lehman Brothers, y la consecuente caída de las bolsas, que deja en estado terminal el sistema capitalista y entierra al neoliberalismo, demostrando que el mercado no regula la economía, porque no se regula ni así mismo.
Todos hemos sido víctimas de los yuppies, culpables de descompensar el mercado con sus gastos exagerados, viven del Leasing, de las tarjetas de crédito y cuanto mecanismo existe para aparentar riqueza. Son ávidos consumidores, y por tal asisten a colegios con los famosos “valores agregados”, como otra manifestación del Jet Set, van a las costosas universidades del modelo, en Colombia son varias, como en todos los países, y se jactan de ser invitados de Harvard u Oxford. Son asesores de todo y super especializados en todo, sostienen que sus ingresos no pueden estar por debajo de los 20 paquetes, como afirma un ambicioso callejero.
Sus gastos suntuosos no se excluyen de asistir a fútbol en numerado, sus hospedajes no puede bajar de las suites, son consumidores de exclusivas discotecas sin que falte la raya blanca o el Éxtasis, su código es tener un descapotable, y su percha ha de permanecer repleta de ropa y calzado de marca. Han llevado a los jóvenes a distinguirse por crear conflictos hogareños por los productos suntuosos; desde luego su celular sirve hasta para bañarse y cada trimestre tienen que cambiar el portátil por uno de última generación.


Nuestros Yuppies criollos, como en todo el mundo, ofrecen positivismo, hay que estar IN en métodos, Reingeniería y Calidad Total, y dan Certificaciones por un elevado costo, según cuesta su firma. A ello muchos incautos, incluso gobernantes que parecían serios, han incurrido por esa postura de modernidad y suficiencia.


Pero ante todo son personajes que viven del dinero ajeno. Aconsejan inversiones, son los maestros de Loving, su gestión hace crear leyes sesgadas para favorecer a terceros, y todo por la magia de un almuerzo con los debidos costos de empaquetaduras propias de su vanidad.
Con la crisis financiera y la experiencia de los impagables, sin duda los bancos van a tener que poner los pies en la tierra. Ubicar muy bien su plata, que no es suya sino del público indefenso. El inversionista tendrá que observar muy bien el comportamiento de los mercados, y los gobiernos, con las obligadas inyecciones de capital al sistema financiero, tendrán que cuidar el patrimonio de todos, y dictar regulaciones. Entonces el espacio de los Yuppies terminó con entierro de tercera... ¡A Dios Gracias!

jueves, septiembre 25, 2008

Las fiestas en Nátaga



POR: Diógenes Díaz Carabalí

Mis padres gustaban ir a Nátaga. Sus necesidades eran tantas... a la Virgen más pedían por la salvación de su alma y la de los miembros de la familia. Nos involucraban en sus viajes, que según la intención los hacían en la chiva de Juan Valenzuela, de “Mayelo” o de “Montano”, o caminando el largo trayecto desde Gallego con gato incluido (una gallina con tajas de yuca y arroz envueltas en hojas de plátano), y pernoctada por el camino en las casas de algunos conocidos: llegábamos la víspera de la fiesta a la casa de Eliseo Castillo, quien ofrecía posada en su sala con piso de tablas, sobre un costal de cabuya si lo llevábamos, y en medio del sinnúmero de pasajeros dueños de todos los enrastrojados olores en sus pies, sus sobacos, su cabello y su fundillo.


Pero era rico ir a Nátaga Se encontraban novedades que podían cubrir nuestros antojos: ropa colorida, juguetes muy variados, raspados de hielo, caramelos de azúcar, panelitas de guayaba, bocadillos de leche, y cientos de avivatos haciendo sus truculencias para sacar el dinero a los peregrinos incautos.



Uno de los cuadros que guardo en mi memoria, truco que no he podido descifrar aún, era de un niñito con turbante metido en una caja decorada con perlas de fantasía y lucecitas titilantes, adivinaba toda clases de preguntas hechas por un pregonero, quien afirmaba por un alta voz que aquel era el misterio por descubrir de científicos y sabios: el niño tenía separada la cabeza del cuerpo por más de veinte centímetros. Frente a él muchos campesinos, paeces y guambianos hacían cola para adquirir por dos pesos un boleto que les adivinaba la suerte; también yo, escondido de mis padres, hacía la cola, a ellos no gustaba que se supiera el futuro.


Con mi curiosidad de infante el fenómeno me causaba una sensación de entre miedo y asombro que todavía se aviva cuando pienso en la dichosa cajita y el niño que aseguraba no querer trabajar sino le compraban un helado, incluso más que el rosado aspecto de la Virgen de las Mercedes, dueña de un intenso realismo que parecía al borde de bajarse del anda cuando la llevaban en procesión, bajo un sol inclemente, antes de la misa solemne de las once.
Terminada la misa, con afán tomábamos el morral y corríamos para abordar la primera chiva; descendía por la inclinada meseta donde está el Santuario con la vigilancia de la policía porque la carretera era de una sola vía.


Quedaba del viaje el apego a una creencia que nuestros padres buscaban reafirmar en nosotros: pedían a la santa solución a sus inclemencias, con la promesa de trabajar juiciosos otro año para volver a Nátaga en septiembre, en chiva o caminando. Y para mi particular bizarría, encontrarme con la cajita del niño del turbante al que le habían separado la cabeza veinte centímetros del cuerpo: me diría qué me iba a pasar en el futuro.

lunes, septiembre 15, 2008

Se fue la voz del bambuco

Diógenes Díaz Carabalí

Berenice Chávez murió la semana pasada, el seis de septiembre. Apenas una lánguida nota en el periódico El Tiempo fue el homenaje para “La voz del bambuco”, quien por más de cincuenta años cantó, amó y vivió la música colombiana. Tan importante era Berenice Chávez que pudo cantar al lado de Agustín Lara y Olga Guillot, y Pedro Vargas la invito a que lo acompañara por una gira que copó muchos países. Más reconocida en el exterior que en el país; como todo lo que tiene que ver con nuestra música, y con el arte nacional en general, que, sino llega con el sello de España, México o Argentina aquí no es valorado.

Se enorgullecía de ser la primera mujer, y el primer artista nacional, que participó en la filmación de una película. Ocurrió en 1937. Cantó hasta que las fuerzas se lo permitieron, dijo Jaime Llano González, uno de sus más preciados amigos, quien le debe que lo hubiera llevado a debutar en la radiodifusora nacional, cuando la radio era importante y trampolín para nuevos talentos.
Desde luego es una lástima que se haya ido esta sin igual mujer, alma y nervio del más tradicional de los ritmos nacionales, la propia identidad del ser del hombre de los andes, desde las cumbres frías de los páramos hasta las ardientes llanuras de nuestros ríos. El ritmo que canta al amor y a la alegría, con una nostalgia de recuerdos coloridos, y que anima las duras faenas, las amortigua con su altisonancia cadenciosa. Ella tenía que irse porque todos somos intrascendentes. Pero es una lástima que se vaya su música, por culpa de nuestra falta de memoria, y porque nos parece que todo lo que nos entra empaquetado con falsos decorados es lo que mueve nuestros sentimientos.

Permítanme que lamente en público la partida de Berenice Chávez a una edad justa, con la madurez que vio pasar la cándida entonación de sus canciones en los escenarios más orgullosos de la patria. Pero permítanme también lamentar con profunda fuerza el olvido al que han sumergido la música de nuestra identidad, el denuedo de nuestra nacionalidad: a la música de Berenice la habían matado implacable antes de su muerte. ¡Mucho antes que ella pensara en morirse!

No es posible que la moda desfile con chillonas tonadas que semejan música mexicana, norteña para mayores luces. La música que exalta las infidelidades divinas y humanas y la picaresca chaparruna, que no es de nuestra cultura y de nuestros sentimientos, mientras aquellas evocaciones de contenido y espíritu poético mueren en las puertas oscuras de despatriarnos con las que nos indican cómo nos podemos emborrachar y cómo podemos matar las penas asesinándonos o suicidándonos. Es ese afán por traer a nuestros parques lo que no es nuestro, con la disculpa de que no podemos pasar una noche a punta de rajaleñas, y sí a punta de rancheras.

lunes, septiembre 08, 2008

Los límites del Huila




Diógenes Díaz Carabalí

Por estos días se ha agitado el tema del problema limítrofe entre Huila y Cauca. Nada más importante que se aclare este problema, por el valor estratégico que poseen los recursos que involucran la zona (unos 34.6 Km2). Muchos gobernantes del Huila han visto con ojos de gordura el conflicto y han permitido aplazarlo indefinidamente. Está vigente la norma (Ley 14 de 1857) de que los límites entre Huila y Cauca, en el páramo de Puracé, comienzan donde las aguas de la cordillera vierten hacía el Oriente, entonces son muchas las hectáreas de las que se ha apropiado el vecino departamento.


Lógico que las autoridades actuales no tienen que ver con el origen del problema. En un comienzo los colonos ingresaron por Popayán y Coconucos, adueñándose de las tierras baldías de Moscopán, y posteriormente, presionando sobre los montes de páramo, han talado hasta llegar a zonas muy altas, deteriorando ostensiblemente la fábrica de agua y oxigeno.


La desatención de las autoridades, regional del Huila y local del municipio de La Plata, ha hecho que las comunidades asentadas en estos territorios acudan al Cauca para intentar la solución de sus problemas básicos de salud y educación, y, sin duda, los políticos del Cauca y del municipio de Coconucos-Puracé, han visto la posibilidad de capturar algunos votos construyendo una escuelitas, abriendo caminos, implementando un puesto de salud y servicio telefónico, deficientes servicios con que cuentan estas comunidades. Sus líderes entonces no se reconocen huilenses.
Mientras tanto se agudiza el despoblamiento del bosque de páramo; hace muchos años se acabaron las nieves perpetuas, e indiscriminadamente se extermina la flora con la explotación maderera y los depredadores con su cacería han diezmado la fauna. Como lógico, se nota el deterioro de afluentes importantes que proveen agua al Huila: ríos como Río Loro, Aguacatal, El Salado, Moscopán, no son hoy ni un tanto lo que eran hace veinte años, y con el riesgo de su definitiva extinción si no se toman los correctivos pertinentes.


El Huila debe recuperar su territorio para cuidar de su patrimonio, cuidar su parte de oxígeno y agua como activo de la humanidad. E importante también que muestre interés ante la población de esta zona y su problemática, distienda el aparente conflicto que se esta haciendo ver en el Cauca por los pírricos activos electorales de una población marginada y azotada por muchos agentes perturbadores, entre ellos la violencia. No debe haber otro interés para el Huila, porque lo prioritario es proteger lo que es nuestro: salvar nuestras potencialidades, si no queremos que en el futuro nuestra tierra perezca por deshidratación.

lunes, agosto 18, 2008

Se fue Oscar Golden




POR Diógenes Díaz Carabalí

La generación nuestra, la mía y la de muchos que bordeamos la media centuria, vemos pasar a quienes fueron nuestros ídolos, en palabra de una ordinaria desprevención, hacia el cementerio. Para muchos ya nuestros padres se ausentaron, y ese hecho nos lleva a pensar que si murieron ellos cualquiera otro puede morir, pero no deja de arrumarnos la nostalgia cuando desaparecen aquellos que nos hicieron reír o llorar, bailar o compelernos, enamorar o desenamorarnos, quienes en definitiva influyeron en nuestra visión de la vida, que no era muy diferente de la forma como todavía se matan las penas: a punta de unas cuantas cervezas y unos cuantos aguardientes, como acostumbramos decirle a nuestros hijos con alguna mentirilla para demostrarles que jamás fuimos unos desbocados.
Oscar Golden se fue la semana pasada. Han dicho que a conformar el coro celestial o a cantarle a las once mil vírgenes del cielo; a lo mejor, como allá no hay nostalgia ni enamoramientos, no necesiten de sus canciones románticas ni de sus historias que hacen suspirar cuando se las escucha.
Oscar Golden era de aquellos héroes vivos de nuestra pubertad y ya había hecho llorar a una generación; surgió con sus movimientos tímidos para hoy, a lo Elvis Presley, exagerados para nuestros padres, cuando sentíamos los primeros impulsos para salir a ventear nuestras conquistas y nos gustaban aquellas chicas que mostraban la pierna con sus minifaldas atrevidas, aumentaban su estatura con los zapatos de suela gruesa, sentíamos la brisa de sus cabellos sueltos, tenían la “Boca de chicle” y no había tanto rubor para las conquistas. De todas maneras nuestros hijos nos dicen que ése fue un tiempo de cosas ridículas: lo cierto es que ya no se conquistaba con cartas ni se daban serenatas; se obsequiaba un censillo o se dedicaba una canción por el altoparlante del colegio: ¡Qué maneras tan atrevidas!
La nueva ola que encarnaba Oscar Golden, y que muchos no pudimos superar, era también la revolución a las costumbres: un tanto displicente y un tanto informal, pero sin rebosar los marcos; la revolución de aquellos que el marxismo no alcanzó para alejarnos de los confesionarios, ni la marihuana para que dejáramos desordenar las greñas porque no nos atrevimos a probarla. Era la nueva vertiente que muchos llamaron de los burguesitos, afectados también por ser hijos de los que vivieron la II guerra mundial, las grandes revoluciones y la muerte de Gaitán. Era un tanto de derecha pero se la bebían los de izquierda, en esa confusión de ideales con lo romántico que no tiene partido ni sexo.
La Nueva Ola traída de México o Argentina invitaba a gozar la vida como fuera, con las películas cursi como “Pili y Mili, dos chicas locas, locas.”, la aparición de Lizarazo o Jorge Varón, para enseñarnos que había un mundo de ensoñación y que el amor era capaz de sacarnos de los resentimientos.

martes, julio 29, 2008

Las modas si incomodan




POR: Diógenes Díaz Carabalí


Las modas nos aprisionan, nos coartan, impelen nuestra libertad, son culpables de que perdamos nuestra identidad, nos hacen dilapidar nuestra visión, entorpecen nuestros sentidos, no nos dejan escuchar razones, limitan nuestras ideas, son culpables de que perdamos el valor de la racionalidad, el concepto de la realidad, la ternura por los colores, la apreciación de la belleza, la sensibilidad al arte, la percepción de lo culto y lo altruista, hacen que extraviemos nuestra capacidad de innovar, nos momifican, nos vuelven, como en el caso del cuento de Melville —Varleby— unos trastos de oficina.


Las modas nos vuelven ignorantes; por las modas conmutamos lo conmutado, damos como noticia lo que para otros es historia, hablamos de lo que todo el mundo habla, son las culpables de convertirnos en seres cuadriculados, alienados, copiones, parejos, unanimistas, imbéciles, egoístas, discriminadores.


Por las modas perdemos nuestra sencillez, nuestro patrimonio, y hasta nuestra capacidad de hacernos individuales, soñadores, perplejos, ingenuos, perdemos nuestra capacidad de asombro, nos hacemos masa y nos juntamos en el borruno mundo del “inconsciente colectivo” para actuar como todos lo hacen, para caminar como todo el mundo camina, para comportarnos como todo el mundo se comporta, con la premisa de “para donde va Vicente, para donde va la gente”.


Las modas son capaces de idiotizarnos hasta cambiarnos nuestro credo convencidos que abrazamos la verdad de a puño, hace que abandonemos nuestras tradiciones, nos hacen sentir vergüenza de lo que somos, son capaces de hacernos desechar nuestro pasado y nuestros antepasados, nos hacen gastar nuestros imponderables en vacuidades, nos convierten en las veletas que avanzan porque ven que otros avanzan, nos hacen una caricatura sin formación y sin valores con todos los rasgos acentuados de la mediocridad, nos impulsan a dañar el mundo por el placer de una felicidad momentánea que desaparece como desaparece el hálito de un suspiro. Si la moda es capaz de hacernos cambiar nuestro vestuario, de hacernos colocar trajes samarrudos para incitarnos a mostrar nuestras virginidades que en lugar de hacernos atractivos nos hacen ver ridículos, es capaz también de hacernos dudar de nuestro sexo, de nuestro raza, de hacernos sentir avergonzados de nuestra diferencia.


Por favor, sino preguntemos por la incomodidad de las viejas del siglo dieciocho que andaban con un tejido de alambres ajustando en el abdomen, lo ridículo de las plumas de ganso que los hombre se ponían en la cabeza y juntos aseguraban que se veían elegantísimos, el descuido de los hippies de los años sesenta en aras de la paz y del amor, o los que hoy visten con los pantalones en la puntica de la nalga quien sabe para sentir qué sensaciones, ¿De qué no serán capaces las modas?


Nos meten en el cuento de que hay que escribir como todos lo hacen, hablar como todo el mundo, pensar en lo que todo el mundo piensa, comportarse como todos se comportan para no correr el riesgo de estar fuera de tono, de estar “Out”, dicen los amantes de los americanismo, que también es una moda aberrante.

sábado, julio 19, 2008

Nelson Cuellar Ángel

Diógenes Díaz Carabalí

Hay seres cuyo vida es hálito. Hacen su transito por esta tierra, tan corto, que su existencia nos parece se evapora en un abrir y serrar de ojos, pero dejan en nuestra memoria una huella indeleble; nunca podemos borrarlos de nuestros recuerdos. Realmente son pocos quienes nos marcan tan profundo en nuestra amistad y en nuestra estima, pero los suficientes para alentarnos a cumplir nuestros compromisos de vida, con nosotros mismos, con nuestra sociedad y con nuestra historia.

Nelson Cuellar Ángel es de esos seres que se volvieron inmortales en nuestra aquiescencia; presentes en nuestros actos cotidianos; aliento para nuestro diario vivir y motivo en nuestras ilusiones. No se sabe de qué arrestos pudo dedicar su vida para servir a sus paisanos de Pedregal, en Tierradentro, sin los complejos de hacer grandes realizaciones, que para él fueron inmensas: ayudar a su gente en sus problemas, en su educación, en su cotidianidad.
Por estos días, sobre el vapor de un café, volvíamos con su hermana Astrid Cuellar, una mujer favorecida en sus actividades públicas y privadas, sobre la vida de Nelson: con viva emoción me contaba lo de la fundación del colegio que hoy lleva su nombre. Qué clase de desprendimiento, que sentido del servicio a la gente humilde que en la época no podía desplazarse hacia otros lugares para recibir educación... Tiza en mano ofrecía clases en cualquier lugar, en el parque si era preciso, sin medir especializaciones ni nombradías, sólo con el interés de abrirle un camino a sus paisanos para mejorar en la percepción del mundo, en la relación con sus leyes y en el aprovechamiento de sus riquezas, sin perturbarlo.

En ese empeño se involucró Nelson con su liderazgo y se lo transmitió a su familia y a sus amigos, detenerse a mirar los inconveniente. Nelson era en vida un espíritu entre la montaña alejada, con lo que comúnmente nos damos en llamar “el típico aislamiento social”, Nelson Cuellar no se detenía en explicaciones dialécticas, ni de contradicciones sociales, ni de guerras y paces; se involucraba, echaba p’adelante y hacía que la gente de su entorno se metiera con sus recursos, con sus potencialidades, hasta con su pesimismo en las ideas, para con empuje lograr sus objetivos.

¡Tal vez a Nelson no lo conocieron más allá de Pedregal! ¡Tampoco era su interés! Tal vez muchos hoy no lo recuerden en su pueblo y se pregunten ¿a qué se debe el nombre de aquel colegio en Tierradentro? Pero quienes compartimos con él en la informalidad, en sus bromas hasta pesadas, en el aliento que imprimía a sus propósitos, en la honradez con que implicaba sus sueños, a la risa sin prevenciones con que explotaba su alegría, a más de treinta años de fallecido continúa viviendo en nuestros corazones, y por eso lo recordamos con tanto afecto, con tanto cariño, y nos parece que en Pedregal, Nelson Cuellar todavía está jodiendo con su cuento de fundar un colegio.

miércoles, julio 16, 2008

En dónde merca el gobierno?



por: Diógenes Díaz Carabalí*

En diciembre la libra de papas valía $ 300.oo, hoy cuesta $ 900.oo; la arroba de arroz costaba $17.000.oo, hoy cuesta $ 28.000.oo; la panela de $ 1.500.oo, hoy está a $ 3.000.oo; los huevos de $ 200.oo hoy valen $ 300.oo; la carne que valía $ 4.200, hoy vale $ 5.700.oo; el fríjol que costaba $ 2.500.oo, hoy cuesta $ 3.600.oo; la libra de cebolla que costaba $ 1.000.oo, hoy cuesta $ 2.000.oo; el tomate que costaba $ 1.200.oo, hoy cuesta $ 1.900.oo; y así cada artículo en seis meses ha subido más del ciento por ciento, mientras el gobierno sigue diciendo que la inflación a junio fue del 6 %.


Sería bueno que además del dato de inflación y del índice de precios al consumidor, las entidades del estado, el DANE en particular, informaran a los ciudadanos en dónde mercan, porque el peso de la canasta familiar en los bolsillos y en los escasos ingresos de los colombianos se hace insoportable, los productos se han ido reduciendo y, muchos se han convertido en un lujo.
Con este tipo de información, alejada de la realidad, al ciudadano común y corriente, lo único que se le ocurre, en su desprevención, es que le están mintiendo.
Sin duda existen muchas explicaciones a la crisis de alimentos que afecta no sólo al país, sino al mundo entero, pero tampoco se avizoran políticas para amortiguar sus efectos. Se continua tercamente con un modelo que golpea de manera radical a los más desfavorecidos, de allí el preocupante incremento de los pobres. El FMI (Fondo Monetario Internacional) continua dando las recomendaciones de hace cincuenta años, favoreciendo a los países más ricos, los monopolios y las entidades globalizadoras. Una de las políticas más nefastas ha sido la especialización de la producción, que impide que las regiones y los países sean autosuficientes.
En particular en Colombia nos convencieron que aquí no era rentable producir trigo ni cebada, sembrar maíz y frutales, criar ovejas y cabras. Para completar en los últimos años nos salieron con el cuento que teníamos una alta potencialidad en los biocarburantes, y desviaron las zonas productivas hacia el monocultivo de la palma y de la caña con esos fines.
Extrañamente los Estados Unidos y Europa implementan fuertes restricciones a la exportación de alimentos, subsidia la producción agropecuaria para hacerla rentable y competitiva, adicional a la permanente devaluación de sus monedas para estimular en el mundo la colocación de sus bienes y servicio, como un golpe bajo, un “Jaque mate”, a las pobres economías de los países en vías de desarrollo. A la locura inatajable a que nos ha conducido el modelo del mercado como regulador de la economía y la debilitación del estado nacional, prototipo de la economía implementada por el neoliberalismo, está la de llevar los alimentos a las cuotas y los mercados a futuros, y entonces países como Japón, se ven obligados a arrojar al mar sus excedentes, de trigo y arroz, por ejemplo, en lugar de cederlos a los pueblos que están muriéndose de hambre.

* Periódicos locales han estado publicando mis artículos sin autorización. Este y todos los artículos de mi autoría son exclusivos para diario del Huila.

lunes, julio 14, 2008

Roberto Bolaño




por: Diógenes Díaz Carabalí

Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-2003) es de esos escritores que marcan al lector, que lo obnubilan; de aquellos que te dejan diciendo: ¿Por qué no se me había ocurrido?


Transhumante, Bolaño, en nuestra percepción conservadora, levanta sospechas. Además porque si uno se entera de su biografía: autodidacta, recorrió América Latina desde la Patagonia hasta México, sin asiento y sin casa dónde enraizarse, resulta paradójicamente particular, pero da a conocer sin tapujos nuestra idiosincrasia, la que muchas veces intentamos disfrazar tras falsos nacionalismos.


El primer libro de Bolaño al que tuve acceso fue “Putas Asesinas”: presente allí la trashumancia, los dotes del escritor inmenso que esculca en la cultura, asombrándose de nuestra variable ecología racial; en sus cuentos hay particular mención de una Medellín dinámica, en contraste con una Popayán apacible, y así hace un recorrido por todo el continente españolizado, que al parecer tanto lo cautivaba y lo lleva a combatir como los héroes, para escribir con las tripas, porque Bolaño era eminentemente visceral.


Las “Putas...” me introdujeron al mundo de Bolaño, pero“Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce” (1984), Premio Ámbito literario de narrativa, una breve historia policíaca de latinoamericanos en Europa, muestra cabal del desarraigo, un tema que apasiona, muchos intelectuales del mundo en él han incursionado, constituye la presencia cruel en la pérdida del sentido de la vida y de los códigos, que despersonaliza y lleva al infierno interior de la soledad, para enfrentarse con lo implacable de la moral que a veces daña.


Y el máximo parto de Bolaño, donde sin duda padeció de un costreñimiento, es en “Los detectives salvajes”, Premio Herralde de Novela, una obra prolongada, abre puertas en vez de cerrarlas, mata con la crudeza de su visión contrario al tono rosa aun presente en los escritores del boom, como que Latinoamérica no puede continuar en la mojigatería, disfrazando sus problemas y barnizando la injusticia que campea a pesar de las revoluciones. Es la obra del escritor clásico que marca, porque después de recorrer sus más de setecientas páginas, Roberto Bolaño parece decir: Ahí les queda su mundo que es una grosería, para que lo sigan explorando incluso con poemas de amor, los poemas de amor de los Visceralistas que desde México (como desde cualquier rincón del mundo) se tiran el contexto de la poesía Latinoamérica, de los sueños que ya no son poesía, porque los poetas también son unos asesinos.


Bolaño presente, símbolo y tirantez, provocador y miserable, aguantó hambre y comió de la física Mierda..., falleció de cirrosis por puto y por ambicioso, al enclaustrarse en México o Barcelona, en Medellín o Madrid, en Tel-Aviv o París, así no supiera qué iba a comer al día siguiente, porque los manuscritos bajo el brazo no alimentan ni a las cucarachas, es sin duda un referente válido de la literatura contemporánea, sin que tuviera que recurrir a sepultar a sus antepasados.

domingo, junio 29, 2008

Los problemas de la escritura




por: Diógenes Díaz Carabalí

Escribir es un acto de libertad, autónomo y democrático. Es decir es un decir de ideas en la contrición de la independencia. Por eso cuando nos colocamos frente al monitor o frente a una hoja de papel debemos ser concientes de la desnudez que nos ronda y de la vulnerabilidad al sacrificio a que nos exponemos.


¿Cómo es el decir de decir las cosas si escribimos con la intención última de ser leídos? Nuestra propia conciencia es la primera ambigüedad. Y no es sólo la ambigüedad la única amenaza latente; son nuestras limitaciones las que impiden decir bien, decir claro, decir correcto... más cuando la primera tentación es comunicar, contar, publicar.


La escritura ha de ser un parto de trillizos después de un coito conciente y una prolongada ingravidez, sin cesárea, para sentir la masoquista felicidad de ver el rostro de las palabras en su correcta secuencia, sin permitir que las ideas con sus pañales reboten y salten en la locura incontenible de anarquizar el idioma. Pero también, después del parto, hay que ser capaz de guardar la cuarentena sin exponerse a un mal viento, que de pronto altera nuestra vanidad, y que una alunada cierre las posibilidades de volver sobre el tejido de los signos.
De allí que quienes se atreven a escribir sean tan pocos. Y de los pocos otros menos llegan a los linotipos. Y de estos muchos menos son leídos. Y otros muy pero muy pocos trascienden el universo, prontuario de los rostros enmarcados en la galería de los sueños, que constituye la esencia misma de la escritura.


Aunque no lo creamos los lectores tienen la valía de no ser ignorantes, ni siquiera cuando niños, o cuando cuentan con limitaciones. Y como no son ignorantes son implacables: si bien es cierto que no saben muchas veces qué es una conjunción, no entienden el origen para que una norma ortográfica se aplique, dónde va un punto o una coma, a cadena perpetua sentencian a quien abusa y desconoce las normas primigenias de la lengua.


Son los que con razón invocan y no dejan dormir en su lecho de gloria a Cervantes, remueven los huesos a Góngora, tiran de la cobija con que se arropa Lope, invocan a Quevedo, rebullen a Azorín, claman auxilio a Pérez Galdós, le prenden veladoras a Pardo Bazán y culpan de las penas a los últimos vanguardistas. Son los que persiguen a Gabo, aún en vida, cuchillo en mano porque sacó de la cómoda el olor de la guayaba.


Por eso quien escribe, así sea una simple columna en un periódico de provincia, está obligado a no dormir; el desvelo ayuda a no comerse ni trocar los testimonios, para con respeto pedir que se incluya el extraño bramido que salió de su parto. Necesita navegar por los diccionarios y los libros, pedir permiso con suma educación a cada letra y repasarla en el pedido exánime de figurar en las palabras. Cuando todo esto sucede nos damos cuenta que la mayoría de las veces escribir no sirve para nada, pero estamos obligados a seguir haciéndolo.

miércoles, junio 25, 2008

La Registraduría Civil

Foto de Marco A Valencia


por Diógenes Díaz Carabalí

Tantas cosas que uno no entiende y que deberían funcionar por simple lógica. Por ejemplo: si una persona es registrada ante entidad pública cuando nace, con todos los recursos disponibles para el depósito seguro de información, un menor debería recibir en su casa la Tarjeta de Identidad, o a lo sumo, por el mismo canal, con que el menor allegue su fotografía y demás requisitos, la Registraduría, a vuelta de correo, puede remitir el documento.


Y cuando este menor cumpla su mayoría de edad automáticamente también debería llegarle a su casa la cédula de ciudadanía.
Y lo que me parece más absurdo es que si deciden que el ciudadano tenga que, por cualquier circunstancia, cambiar el documento de identificación, y la Registraduría posee en archivo la información, qué necesidad tenemos los mortales de acercarnos a las sedes de la entidad para padecer una inmensa cola, desde muy tempranas horas de la madrugada, esperar a que se nos asigne un turno, después regresar para hacer el trámite de “renovar” el documento, y si estamos afortunados esperar durante más de un año para recibir la nueva cédula. Si es cambio de mero formato, ocasionado por al entidad con la disculpa de incorporar nuevos elementos de identidad, y, aún, si hay que adicionar datos, por qué no facilitan que el ciudadano allegue por correo, físico o electrónico, los requerimientos, y automáticamente que se produzca el documento; incluso el ciudadano puede recibir vía Internet o reclamar en correo postal, o siendo más optimistas, recibirlo en su residencia.


Realmente las entidades públicas gozan de un atraso abismal con la tecnología y actúan como en la edad media, en una absoluta desconfianza ante la buena fe de las personas, principio de Ley. El ciudadano es maltratado, atropellado y mal servido, a pesar de que en últimas es quien pone la plata hasta para el tinto que se toman los engreídos funcionarios. El caso de La Registraduría Nacional del Estado Civil es el prototipo del anquilosamiento frente a herramientas que bien pudieran estar utilizándose por lo menos desde hace cincuenta años; y no dejan ver que avancen en sistematizar su información, modernizar sus procesos, convertirse en un ente de eficiencia y prontitud y temporalizarse a las necesidades de hoy.


Ante la Registraduría hay que confesarse y hacer enmienda todavía cada vez que se va a realizar alguna gestión pública, como si sus funcionarios gozaran haciendo comparecer inútilmente a los ciudadanos, funcionarios que no siempre se caracterizan por tener buenos modales, cortesía y atención digna. Pareciera como si nosotros indefensos, los que ponemos la platica para se mantengan en el absoluto atraso, fuéramos a sus ventanillas por una limosna o a pedir fiado el mercado del mes. Ya es hora que a la Registraduría Nacional del Estado Civil le de vergüenza y le responda a sus ciudadanos con los principios que guían a todas las entidades públicas. Y ni para qué hablar del Sistema Electoral.

Tobito, la leyenda de la fiesta.


POR: Diógenes Díaz Carabalí

“Tobito” se ha disfrazado desde 1958 en San Pedro, aunque los años con sus calendarios amañados, que para él van de San Pedro a San Pedro, le hayan hecho olvidar cuándo fue la primera vez que se disfrazó, no tanto para divertir a las gentes, sino para él divertirse, bailar San Juanero y tomar aguardiente, “porque al que le gusta le sabe”, dice.


Es decir que “Tobito” se ha disfrazado en los cincuenta San Pedros de La Plata, o mejor, del Huila, y lógico, de Colombia, de lo que le ha dado la gana, muchas veces por propia iniciativa, otras tantas con la complicidad de la célebre doña Jobita, o los Ribera, tal vez porque a ellos les da pena hacerlo, o porque como en el caso del Largo Nieto, no necesitan disfrazarse. “Tobito” ha sido el presidente Lleras, astronauta, gobernador, alcalde, Fidel Castro, obispo, y el más simpático: monja.


Dice que este año va a disfrazarse de Piedad Córdoba, “y si me matan por eso que Dios lo permita”, me confía, porque su disfraz es una protesta contra algo, a sus 76 años está mamado de vivir esta patria que no le ha proveído Seguridad Social siendo un artista, y tiene que persistir alisando tablas en su ebanistería para conseguir la comida sin pedirle trabajo a los políticos.
El año que se disfrazó de monja fue el escándalo para las señoras de bien que no permitían la ridiculización de las religiosas y termino en el cuartel de la policía: “No es posible que “Tobito” ande por la calle enterrándose tamaños palos de aguardiente y mostrando sus vulgaridades cuando levantaba los pies”, dijeron las señoras; por tal la autoridad lo instó para que quitara su disfraz. Furioso porque le reprimían su libertad de celebrar San Pedro como se le antojara, se vistió de Gulumba —Gulumbas llamaban a las putas un tanto para dignificar su oficio, hoy las llaman fufurufas—. Las gentes celebraron la ocurrencia y manifestaban que “la monja se había puteado”. “Tobito” terminó la fiesta de minifalda y colorete y enseñando sus intimidades pelambrosas porque llevaba rotos sus cariocos.


¡Tobito ha sido siempre el Rey de la fiesta! Y así lo han coronado en múltiples ocasiones, “con coronas que no sirven para nada”. El disfraz que mejor recuerda es el del matrimonio con María Locadia (otro simpático personaje de la fiesta): “hubo consumación” con las comparsas y la ridiculización del Sanjuanero señorón, entonando con su voz poco apta coplas cojas que improvisa para reírse y ser feliz en San Pedro, cuando permite que todos lo llamen “Tobito”, “!Un Tobo en la vida!” porque su nombre real nadie lo recuerda.


Un 19 de septiembre de 1932 nació en La Plata un lindo niño al que llamaron “Tobito”. Perdón, tampoco sé su nombre ni me interesa averiguarlo. El hombre que nos ha hecho reír con sus disfraces y sus ocurrencias; al que no le importan los turistas ni el San Pedro como producto; “la fiesta es para el huilense, para gozársela, ¡Sin hacerle mal a nadie!”

viernes, mayo 23, 2008

Enfermos por la discriminación




por: Diógenes Díaz Carabalí

En estos días leía al escritor italiano Stefano Benni (Bolonia, 1947), en “Aquiles Pies ligeros”, una novela sub-realista que recomiendo, que “un negro futbolista no era un negro”. Y Mohammed Ali, campeón norteamericano de peso completo en la década de los ochenta, decía: “lo peor que le puede pasar a un negro es ser pobre, porque un negro con dinero no es negro”. Caben las anteriores reflexiones cuando la semana pasada se celebró en Colombia el día de la Afro-colombianidad, o de las negritudes, que me gusta más, o conmemorativa de la libertad de los esclavos decretada por el presidente José Hilario López en el siglo XIX, pero que a esta etnia la dejó en condiciones de postración, porque no se la reparó de tantos años de explotación inmisericorde.
Colombia está definida en la constitución como una nación multiétnica y pluricultural, pero tiene formas particulares de discriminación: por el color de la piel, por el origen racial, por el apellido, por la forma de los ojos, por la posición de los dientes, porque se tiene cabello y porque no se lo tiene, por el credo religioso, por la afiliación política, por el sector donde se vive, por la región del país de donde se proviene, por el sexo, por la edad. Los colombianos discriminamos por todo; con unos estereotipos muy marcados, como si estuviéramos obligados a participar en concursos de belleza.
La xenofobia es común para ingresar a los medios de comunicación, a las fuerzas armadas, a las entidades públicas, a las empresas, y lo más es que todas las entidades, públicas y privadas, parecen reservarse, como dicen los clubes nocturnos, el derecho de admisión.
Las empresas no vinculan personas de más de cuarenta años, hay límites para ingresar a las universidades, las autoridades —Gobernadores, Alcaldes, y Gerentes de institutos— no cumplen con la cuota que deben tener las mujeres, ni los negros ni los indios, para el servicio diplomático no se nombran embajadores negros ni indios porque seguimos pensando, a pesar de la superación académica, que son unos zarrapastrosos. Los prototipos de la televisión son 90-60-90, y es requisito indispensable para ser Actor o Presentador; el reparto de los cargos de responsabilidad son propiedad de ciertos apellidos. Hay razas para los oficios. Los negros: nanas, choferes, lustrabotas, porteros, maleteros, maestros y prostitutas. Los indios: ayudantes de bus, muchachas del servicio, recolectores de basura, peones de finca, vigilantes, policías y soldados. Muchos por la conformación física no pueden ingresar a ciertas instituciones educativas, aún del nivel superior, e incluso oficiales.
Pero lo que más discrimina, incluso a los blancos, es la marginalidad, la pobreza, la falta de oportunidades, el tratamiento desigual, el no acceso a la educación. Definitivamente lo peor que le puede pasar a una ser humano, en este país, es ser pobre; y si a ello se agrega que es negro, indio, feo, viejo, mujer, o que tenga alguna limitación física, pues peor.

lunes, mayo 19, 2008

La Ley para los que no tienen vísceras




por: Diógenes Díaz Carabalí

Todos estamos de acuerdo que los paras no son unos angelitos. Que sus vísceras les han permitido cometer los crímenes más horrendos, comparables a los holocaustos de las peores épocas en la historia. Por eso, sin decir que el narcotráfico no sea un crimen terrorífico, los delitos de lesa humanidad cometidos en Colombia contra la población inerme, deberían haber sido la principal preocupación de la autoridad nacional, y ahí tenemos que incluir al señor Presidente de la República.
Las masacres indiscriminadas, cercenar a sus víctimas con una motosierra, despedazar un cadáver a filo de machete, son escenas que no serán borradas de la mente de varias generaciones de colombianos, y no solo para los nacionales, sino que constituye vergüenza para toda la humanidad. Además de la expropiación de bienes a personas indefensas y el desplazamiento obligado de miles y miles de ciudadanos, que, ante la ley, claman por su reparación, y con toda justicia.


¿Por qué primó en el gobierno la reclamación norteamericana por narcotráfico para los jefes paramilitares? Y, ¿por qué la resignada actitud de los jefes ante su traslado al avión de la DEA? Sin hilar muy delgado da para crear dudas sobre los motivos de esa extradición, que de todas maneras debería dar vergüenza a la justicia nacional por no contar con la capacidad ni los mecanismos para castigar a nuestros delincuentes; acudir a la amenaza de la extradición como mecanismo represivo es incomprensible.
Lo cierto es que la presencia de los jefes paramilitares en el país es incómoda para mucha gente. Personas involucradas en las altas esferas del poder: del gobierno, de los gremios, de las fuerzas militares, parecen temblar cada vez que estos señores abren la bocaza. Ya existen varios políticos, muy cercanos al mismo Presidente, involucrados con los delitos y con las organizaciones paramilitares, en una verdad a medias que ellos han declarado, sin comprometerse ni comprometer a todos los responsables en su accionar. Sin duda si decidieran contar todo lo que saben, como el dicho vulgar de la calle: “!Volaría mierda al zarzo”!
Lo extraño es que frente a lo que sucede en este país nada pasa. Como si aplaudiéramos de manera tácita las acciones de estos bandidos, y más las acciones de sus auspiciadores. En la misma “cuna de la democracia” un presidente se cayó por algo más sencillo: espionaje a una campaña rival, que no puede ser un delito tan grave en la escala de la moral humana. Aquí, con medio congreso involucrado, y una reforma constitucional para reelección hecha de manera irregular, el país del sagrado corazón permanece como si nada. Sería una vergüenza adicional, que las victimas tengan que acudir a los tribunales internacionales para conseguir que castiguen a estos genocidas. Es posible y costumbre que el gobierno norteamericano negocie, y se repita la historia del sonado caso de Carlos Ledher, que a propósito: ¿En dónde estará de vacaciones?



viernes, abril 25, 2008

La basura magnética


por: Diógenes Díaz Carabalí

Muchos hablan de la facilidad con que los medios magnéticos acumulan información, y sin duda es una herramienta valiosa. Pero cabe preguntarse ¿Tanta ponderación es útil en la práctica?: por ejemplo hay chicludos que acumulan en un Pc treinta mil o más libros. ¿Será posible que una persona pueda leer treinta mil libros, por lo menos durante la vida útil de una computadora? Sin contar la obsolescencia que cada día se acorta en estos aparatos.
De muchas maneras también se ha alertado sobre la capacidad de irradiación electrónica. Los monitores dejan tal cantidad de secuelas en los organismos que los científicos hoy no se atreven a precisar los riesgos de su exposición; son secuelas que repercuten en la calidad de salubridad, psicológicos y de comportamiento de los individuos.

Sin referencia al Internet, a los nuevos delitos que se promueven desde las páginas virtuales y la basura que circula por la red como un contaminante invisible, los problemas generados por los aparatos de computación son equiparables a su utilidad, convertidos en instrumentos trascendentales en la educación y el trabajo. Este mundo no se concibe sin la presencia del procesador, y sin duda tal concepción no es dañina si supiéramos de su capacidad tangible e intangible de contaminar y no fuéramos tan permeables a los influjos del mercado.
Las voces que comienzan a mostrar preocupación por la contaminación electrónica son muchas: hablan de lo peligroso a enfrentarse a una arraigada telaraña mental, tan enredada como la misma red o el inofensivo aparato que titila imperceptible en las empresas y los hogares, pero sin que podamos responder qué haremos con los desechos de prácticamente imposible degradación: los discos, los CDs, las partes de los teclados, la celdas, los Ships, las memo, las carcasas... Bien valdría la pena averiguar que están haciendo las empresas con este tipo de desechos, en qué lugar los están depositando y qué medidas de amortiguación han implementado los productores y cual es su intención de reciclaje.


Por lo menos en Estados Unidos, Japón y Europa hoy se están preguntando ¿Qué hacemos con esta basura? Y no tienen la respuesta. Menos la tenemos nosotros, tan dados a tirar elementos por ahí, donde caigan, sin detenernos a pensar en el daño ecológico que producen las heces de nuestra propia tecnología.


Bien vale la pena pararnos un instante y no dejarnos deslumbrar con tanto invento de la industria electrónica, de utilidad tan fugaz, que olvidamos cada generación en la intemporalidad de una necesidad creada por los magos del market sin medir las consecuencias. De pronto nos toca usar hasta no se cuando la vieja panelita de celular o resistir el viejo y lento Pc, que a duras penas sirve para escribir un texto o hacer una hojita electrónica. Tampoco las necesidades de nuestra vida son ilimitadas. O tal vez nuestros hijos ni tendrán posibilidad de reclamarnos, porque los únicos que podrán habitar en medio de la basura electrónica serán las cucarachas.

lunes, abril 07, 2008

Matilde Espinosa


POR: Diógenes Díaz Carabalí

14 Libros de poesía dejó Matilde Espinosa, la poeta de Tierradentro. Nacida en Wila, un pequeño caserío arriba de Belalcazar, junto a Tóez, a La orilla del río Páez y en las estribaciones del nevado que por estos días ruge cada vez que se le antoja. Vivió casi un siglo —murió en Bogotá el pasado mes de marzo— , y en ese siglo (XX) vio frustrados los valores no se sabe por qué; porque le dolía el indio y los patirrajados de su pueblo: testigo de una historia en lo exabrupto, entre el dolor y la tragedia propiciada por la naturaleza muchas veces, o por la imparquedad de los hombres otras tantas.


Ha dicho el poeta Felipe García que Matilde Espinosa se alimenta de lo elemental. Es que cuando se la lee —para eso me ha servido su muerte y los últimos días de marzo—, se encuentra en sus libros la intrascendencia, con lenguaje y elementos cotidianos que construyen su universo. Da la impresión de un ser inamovible, como si jamás hubiera marchado de su terruño enmarcado por la montaña, el río, el viento, las nubes, el nevado del Huila pasivo para su época, las estrellas, y las ciudades como un heterónimo visto desde afuera, sin comprender las dimensiones, en una mujer que vivió su juventud en Santander de Quilichao, casada en Popayán con el pintor Efraim Martínez, de quien “por su mal carácter”, según su propia afirmación, cuando ligada “hasta que la muerte nos separe” se fue de la casa a riesgo de morir en la hoguera. Metida a comunista se atrevió en segundas nupcias con el intelectual Luis Carlos Pérez, de quien gustaba llevar su dePérez con cada letra, tal vez porque necesitaba como todos un hombro para apoyar su cabeza. Vivió en Paris, los países socialista y finalmente en Bogotá.


“Los ríos han crecido” (1955), “Por todos los silencios” (1958, “Afuera las estrellas (1961), “Pasa el viento” (1970), “El mundo es una larga calle” (1976) “ La poesía de Matilde Espinosa” (1980), “Memoria del viento” (1987) “Estación desconocida” (1990), “Los héroes perdidos” (1994), “Señales en la sombra” (1996), “La sombra del muro” (1997) “La ciudad entra en la noche” (2001) y “La tierra oscura” (2003), constituyen el itinerario bibliófilo de esta mujer que llenaba el espacio con su presencia, de un don embrujador y rasgos de belleza conservada, ponía arrozuda la piel con su voz de cascada como el mismo furioso Páez.


Asomada al abismo/ donde se aquieta el sueño/ vi levantarse, no el renuevo fresco/ sino el enjambre turbio/ de manos que tejían/ enervantes aromas/ y espectros imposibles, era la dialéctica de sus versos porque de pronto pensaba la vida como un hálito, adonde venimos para encontrarnos con nosotros mismos: Ni somos una vaca para comer y depositar plastas y que nos halen las tetas; somos seres para sublimizar, y en este sentido Matilde Espinosa vivió sus libros y sus versos, con el recuerdo palpable y hasta inconsciente de sus orígenes, para aquellos que le deben un reconocimiento. Quienes la evitaban por su particular percepción del mundo, permitan que trascienda con sus versos, su única ambición.

FACEBOOK

https://www.facebook.com/profile.php?id=711839823